domingo, 3 de noviembre de 2013

Lydia Loveless en Alcalá de Henares - 31/10/2013 - EgoLive:

Telarañas de mentira, escaparates llenas de calabazas, gente con la cara pintada por las calles, Country Rock Alternativo y un poco de desencanto... Esas fueron las referencias principales y las coordenadas básicas por las que nos estuvimos moviendo la pasada y "jalogüinesca" noche del jueves 31 de octubre.


Tal y como ya os anunciamos hace un par de días en Du-Dum-Dum, la sala EgoLive iba a tener el placer de recibir dentro de su apretadísimo calendario a Lydia Loveless: una joven artista procedente “directamente desde USA” que, precedida de un gran cartel, se ha estado recorriendo y trabajando durante una semanita nuestra geografía desde La Coruña hasta Jerez, pasando por Bilbao y Alcalá de Henares entre otras localidades para enseñarnos su arte, su sonido americano. 


Se puede leer todavía en la publicidad confeccionada para los conciertos que con sus 23 añitos, la menuda Lydia ya parece por su aplomo toda una veterana, una de esas mujeres frías y distantes, de armas tomar, curtidas en los peores (o mejores) antros del estado de Ohio. Una dama que tiene el talento y la capacidad para poder sonar dulce, elegante y sobria pero también salvaje, electrizante y agresiva... Pues bien, en un primer momento todos esos elogios parecían tomar forma y corroborarse cuando informándonos y contemplando diversas actuaciones en las que se ve con total claridad como Lydia Loveless y su banda eran capaces de enfrentarse con toda la naturalidad del mundo a registros tan opuestos como lo son el eléctrico y el acústico, para salir intactos y airosos de tal empresa. Una prueba de ello, son estas dos maravillas de aquí abajo:





Como íbamos diciendo, por todo esto (la publicidad y las pruebas sonoras) parecía que el sonido americano de Lydia tenía por virtud la diversidad, el contraste, la profundidad y la riqueza de matices. Propiedades todas ellas que de verdad nos gustan mucho, pero que aquella noche tristemente no pudimos observar o apreciar por ningún lado, pues desde el principio al final todo el recital se movió siempre en una misma línea, en una única dirección. Fue un concierto donde hemos decir en honor a la verdad que el apartado vocal que demostró Lydia fue soberbio (y es que para cantar debes haber nacido en los ‘states’ sí o sí) pero donde lo instrumental pecó pese a su corrección de lineal y de plano, como carente de sorpresas… De más poso.

Y no fuimos los únicos en sentir ese pequeño vacío, pues esta impresión la pudimos compartir con otros compañeros allí reunidos. En nuestra opinión, el contraste es lo que genera en el oyente la tensión, la emoción. Esperábamos encontrarnos con algo similar en el Ego, con una constante de subidas y bajadas, con un torbellino de sensaciones, que la voz de Lydia nos acariciara suavemente para poco después sacudirnos a base de guitarrazos pero tristemente hemos de decir que no fue así.

El presentimiento de que algo no iba a marchar del todo bien empezó cuando nos asomamos al escenario y notamos la ausencia de una guitarra acústica. Ahí es cuando empezó a rondarnos esa sensación que no se fue nunca.



Como la sala tardaba en caldearse, Todd May (el guitarrista de la banda y también telonero) decidió agarrar su Telecaster y amenizar un poco al respetable que estaba esperando a que empezara la función. Aunque el color de sus mejillas, el estado acuoso de sus ojos y los vaivenes nos indicaban que estaba un poco perjudicadete de lo suyo, el señor interpretó un buen puñado de canciones descarnadas y punzantes para promocionar su disco en solitario titulado ‘Rickenbaker Girls’ y que sirvieron para que la gente se fuera acercando un poco más al escenario, en espera del plato principal, pero todavía quedaba un poco más por esperar. Tras esto, Lydia se subió al escenario, acompañó con su bella voz en un par de temas al bueno de Todd y con la misma dejadez con la que se subió, se bajó... Y hubo otro pequeño parón. Hecho que nos hizo pensar que que lo que hubiera estado realmente genial sería haber traído a una banda o a un artista local, porque como bien apuntó un asistente al concierto, éstos habrían atraído a un pelín más de público, se estaría más apretadito y calentito… Pero tampoco fue así.


Del concierto poco más podemos decir salvo tres cosas: la primera, que la banda al completo tocó impecablemente bien la selección de los dos únicos discos publicados hasta el momento de Lydia (‘The Only Man’ -Peloton 2010- e ‘Indestructible Machine’ -Bloodshot Records 2011-) con una energía, una fuerza y una distorsión tan cercana al Punk que hay que agradecer al baterista de nombre desconocido, al melenas del bajista-esposo Ben Lamb y a ese Todd May echo polvo apoyado a la pared, pero eso sí, con una fuerza tan carente de registros, que llegó a caer en la monotonía. La segunda,  que el provenir de Lydia como cantante y compositora está completamente asegura. Y finalmente la tercera, que las ideas y esperanzas que alberga uno en su interior a veces no se llegan a cumplir. Lástima.

Menos mal que vino una preciosa brujita y…


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