miércoles, 9 de junio de 2010

Espasmodicos


“Somos Espasmódicos y, una vez más, vamos a hacer lo que no salga de los cojones.” Así fue como Magüu, batería del grupo, dio inicio al concierto después de que cada uno estuviera en su puesto. Tras un buen rato esperando al inicio, en cuanto se subieron al escenario, todos nos pusimos en pie y ¡a la pista de baile! Un buen contraste de luces oscuras, tres golpes de platillo y… comenzó el concierto.







Al principio estaba la gente quieta, sólo degustando el rasgueo de Siemens y el movimiento rápido de la batería, así como la voz de Dani Hell retumbando por el fondo y un bajista psicotrópico, Javitron, con su ritmo frenético. Sin embargo, aunque aparentemente podría uno decir “qué quieta está la gente”, no hacían más que calentarse. La música iba subiendo cada vez más el ritmo y, poco a poco, empezamos a sentir la necesidad de ir moviéndonos. Primero los pies, luego los brazos, cantamos y, finalmente, un empujón dio cuerda a la máquina.




A la tercera canción la gente ya se arremolinaba alrededor de la plataforma, bailando los temas más famosos de Espasmódicos. No había quien les parase. Incluso recuerdo de estar metido el pogo, recibiendo y dando, siempre con mucho cariño, cuando me percaté que no estaba el bajista. Fue entonces cuando me di cuenta que estaba dentro, tocando sin perder el hilo de la canción, mientras todos le hacíamos hueco en nuestro pequeño juego salvaje.

Mientras, nosotros estábamos ahí tan entretenidos, podíamos, empero, apreciar y degustar todas y cada una de las canciones. Yo paraba a veces para ver el panorama y, cada vez que miraba me gustaba más. El grupo formaba un cuadro genial, solamente propia de espasmódicos. No serían ese grupo de los 80, encabezados por Kike Kruel, pero nada había que envidiar, no había esa nostalgia que se tienen de los grupos que ya no son lo que era. Los Espasmódicos seguían allí dando guerra, con más fuerza y vigor que nunca.




Dani lideraba la voz del grupo con un carisma desbordante, subiendo, bajando el micro, dando fuerza al público con sus golpes de voz, la cual encajaba a la perfección. Su flequillo se alzaba sobre nuestras cabezas y nosotros no hacíamos más que acercarnos para cantar con él, teniéndole a un palmo. Siemens, atento a su guitarra, machacaba las cuerdas sacando el mejor sonido para las mejores canciones. Sólos, sencillos a lo mejor, pero sin duda alguna no serían lo mismo si no los tocara él. Hay canciones que solamente las puede tocar una persona para que sean buenas y aquí tenemos el ejemplo.



Dani a la voz, Siemens a la guitarra, y en el fondo del escenario, Magüu no hacía más que redoblar tambores y platillos, dedicando, junto con Dani, las canciones a los hijos de puta que bailábamos allí. Ritmo acelerado y una locura abismal que hacía de la batería la base de toda la potencia que tenía el grupo. Cada platillazo era como una explosión más de adrenalina. Por último, y no por ello menos importante, estaba Javitrón con sus cuatro enormes cuerdas de bajo. Golpeando con las yemas de los dedos hacía cualquier cosa: se arrastraba por el suelo, movía el bajo de un lado a otro, nos ponía caras, se cachondeaba y daba muestras de la más sana locura que es el punk. Disfrutando como un niño de teta se metió a bailar con nosotros, además de darnos un par de indicaciones de las autoridades sanitarias.



Tras un buen rato parado, descansando y tomando aire, volvieron a empezar otra canción, y me volví a meter dentro. El ambiente era muy bueno. La gente daba todo lo que podía allí. Estaban viendo a uno de los grupos más emblemáticos del panorama punk de los 80, era como ver una leyenda viva. Esas canciones que me pasaban cuando tenía trece años, cuando me empezaron a molar estas cosas. Siempre me decía, estos ya han muerto, estos ya no siguen… pero de pronto, ahí estaban, en el escenario. Todas esas canciones, una tras de otra, demasiadas para enumerar todas (se me olvido pedirles el list del concierto): Días de Destrucción, Están deseando que te pongas a temblar, Serafín y por supuesto Enciende tu motor. Todas ellas salteadas con otras muchas canciones de TDeK: La farmacia de mi barrio, Israel, Carne picada, Creo que voy a potar, RIP entre otras. Además no hay que olvidar Nazi Punks Fuck Off de los Dead Kennedys. La tropa no paraba de bailar, todos estábamos cansados y agotados, pero nadie paraba, teníamos delante de nosotros a espasmódicos y eso era suficiente motivo para seguir. Con Días de Destrucción iniciaron el concierto y poco a poco empezaron a subir el listón, las canciones iban más aceleradas y, en cuanto sonó Soy Cruel la gente comenzó el bailoteo. Acordes rápidos y una letra antiamor (que ya se oye bastante mierda en los cuarenta principales) fueron los que nos pusieron las pilas. Tía vete a Cagar también supuso unos buenos minutos acelerados donde podías sentir las adrenalina subiéndote a la cabeza y la sangre pasando por tus venas, bombeando vertiginosamente.



El grupo estuvo excepcional, como digo disfrutaron, estuvieron cómodos con el público y el público estaba entusiasmado con ellos. Pararon, pero en poco tiempo volvieron a salir dándonos un último chute de punk a la gente. En las últimas canciones (Maleta para Moscú, Soy cruel, Tía vete a cagar, Israel y Enciende tu motor) subió otro guitarrista para darle más caña a las canciones. Se noto la nueva guitarra. Todas las canciones las tocaron a un ritmo mucho más rápido que anteriormente, terminando con titánicamente. El nuevo guitarrista prometía mucho y cumplió bastante bien. Dio buen fondo a las canciones y con su guitarra, apoyando al grupo.


Desde el principio hasta el final, estuvieron ahí dando lo mejor de sí mismos. El público estuvo dando también todo lo que pudo y lo que no pudo. Bajaron del escenario y todos nos quedamos aún con ese regusto de haber estado oyendo a un grupazo. Las luces se encendieron y cada uno fue a lo suyo. Fue el momento en que yo me acerqué al bajista, Javitrón, que estaba al lado del escenario para pedirles una foto para presentar esta pequeña crónica. Muy majos todos ellos, cedieron a que nos hiciésemos una foto. Una ellos solos y otra con nosotros. Hablamos con Siemens, quien nos aseguro que el año que viene volverían a tocar en Madrid, a lo que le respondí que allí iba a estar yo para volver a hacer una crónica más de ellos.

Saludamos a todos y les deseamos suerte en su carrera. Ellos también en la nuestra.
Cuando salimos a la calle nos miramos pensando que ojalá retrocediéramos dos horas para volver a entrar, volver a sentir ese calor que sólo la música punk puede dar, volver a escuchar y cantar todas y cada una de sus canciones. Todos con una sonrisa en la cara y con unas fotos en el móvil, nos alejamos de la calle Tetúan con el ánimo de volver a cruzarnos en su camino.






No hay comentarios:

Publicar un comentario